sábado, 8 de agosto de 2015

miedo al abandono

MIEDO AL ABANDONO Debemos reconocer que el abandono como hecho y como sentimiento se trata siempre de un asunto infantil. Los niños quedan desprotegidos y su vida queda amenazada si son abandonados, pero esto no es así entre adultos. Entre adultos las personas se van o nos dejan, no nos abandonan, y puede resultar muy duro y doloroso, pero si ante ello desarrollamos un intenso y perdurable sentimiento de abandono es casi seguro que dentro de nosotros sigue existiendo un niño que reactualiza antiguas emociones de sentirse abandonado por sus padres o figuras importantes de apego. La mayoría de nosotros vivimos en relación con otros. Casi todos tenemos vínculos con otros y nos sentimos atados con los demás y buscamos dar y recibir calor y amparo. En nuestra infancia aprendemos gran parte de lo que somos y sabemos. En todas las situaciones en las que en nuestro sistema familiar se ha roto un vínculo importante de forma traumática se puede desembocar en que la persona y sus descendientes tengan sentimientos y sensaciones en el cuerpo acerca de que las relaciones no son seguras y que se puede perder en cualquier momento. Lo cual, por otra parte es cierto, pero en general la mayoría de las personas lo encaran como algo que lograrán superar e integrar, si llega el momento. En las familias donde hubo pérdidas o abandonos graves se tiende a desconfiar un tanto en la vida, a no esperar que las relaciones perduren y a tratar de controlar a las personas en exceso o generar apegos desproporcionados con la intención de evitar nuevos abandonos. Ya sea por el recuerdo incrustado en la memoria afectiva de una historia personal o bien familiar de abandonos, el escenario afectivo interior de la persona pivota alrededor de esta temática. Como una huella histórica, nos hace vivir las relaciones actuales con el temor de que se repita el abandono y generar estrategias para evitarlo. Las más comunes son los intentos de control del otro o la dificultad en intimar en la pareja con un compromiso profundo. Lo extraño del asunto es que cuando más las personas tratan de escapar de lo que temen, por otro lado, lo atraen, ya que ocupa sus pensamientos. Pasa un poco como con los celos, que en un intento de asegurarse de que el otro nos quiere y nos guarda fidelidad le acabamos sembrando ideas que lo pueden llevar a infidelidades que confirmen las sospechas de su pareja. Es lo que en psicología se conoce como la "profecía que se cumple". Si nos pasamos pensando todo el tiempo en aquello que no queremos que ocurra, lo fabricamos en nuestra mente con tanto lujo de detalles que potencialmente acaba por ocurrir. Así que los celos, que muchas veces vienen del temor al abandono, pueden actuar como una invitación para que el otro tenga deslices, y de este modo vemos cumplida nuestra profecía, y así ponemos a prueba nuestra capacidad de reponernos una y otra vez del trauma del abandono. _JOAN GARRIGA

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