MAESTRA DE REIKI. MUNAY KI. MEMORIA CELULAR. LECTORA DE ARCHIVOS AKASHICOS. SANACIÓN MAGNIFICADA KWAN YIN.
viernes, 22 de mayo de 2015
Y QUE EFECTOS PRODUCE EL PERDON
¿Y qué efectos produce el perdón?
Ya a primera vista nos damos cuenta de que podemos
perdonar a los demás o a nosotros mismos. Por lo tanto, vamos a
estudiar ambas posibilidades, con sus efectos correspondientes.
Perdonar a los demás produce los siguientes
efectos:
- Nos libera de odios y rencores, lo cual disuelve las
desarmonías internas y restaura la armonía entre
nuestros vehículos.
- Libera al ofensor de tensiones íntimas y de
remordimientos.
- Ayuda al ofensor a recapacitar y tratar de mejorar.
- Nos eleva a lo alto. Y, si nos acostumbramos a
perdonar, nos hace permanecer en lo alto y no ver lo
opuesto, aunque para los demás resulte patente. Y
ello nos hace felices.
- Aumenta nuestra comprensión de los demás.
- Incrementa nuestra capacidad de amar al prójimo.
- Incrementa nuestra tolerancia.
- Despierta nuestra tendencia a la colaboración pues,
en nuestro fuero interno, sabemos que somos “el
guardián de nuestro hermano.”
- Desarrolla nuestro sentido de la fraternidad al ser
conscientes de que nosotros también fallamos y, por
tanto, todos somos iguales en ese sentido, ya que
necesitamos del perdón.
- Aumenta el conocimiento de nosotros mismos.
- Nos hace comprender y comprobar que toda ofensa
que se nos hace no es más que una ocasión de
perdonar que se nos brinda. Y esa comprensión
incrementa nuestra gratitud hacia lo alto.
- Fomenta la amistad entre ofendido y ofensor.
- Nos inclina a la oración, a pedir por nuestro ofensor
y a solicitar luz y fuerza para seguir siendo capaz de
perdonar en el futuro.
- Despierta o desarrolla nuestra tendencia y nuestra
capacidad de ayuda hacia los demás.
No quiero dejar de decir que la ciencia ha demostrado que
podemos producir nuestras propias drogas, sin tener que sembrar
amapolas, marihuana o comprar cocaína
El cerebro, movido por las emociones, produce sustancias
químicas que hacen que la persona eleve su autoestima,
experimente sensación de euforia, se sienta animada, alegre y
vigorosa, sin necesidad de tomar, inyectarse o fumar nada.
Estas sustancias, que produce el cerebro, y denominadas
hormonas endógenas (ya que se producen en la corteza cerebral)
bien podrían llamarse "drogas de la felicidad". Algunas de ellas
son:
La Oxitócica, que se produce cuando existe un amor
pasional y se relaciona con la vida sexual.
La Dopamina, que es la droga del amor y la ternura.
La Fenilananina, que genera entusiasmo y amor por la vida.
La Endorfina, que es un transmisor de energía y equilibra las
emociones, el sentimiento de plenitud y el de depresión.
La Epinefrina, que es un estímulo para el desafío de la
realización de metas.
Si hay abundancia de estas hormonas endógenas, hay
inteligencia emocional e interpersonal; la persona se siente
ubicada, sabe quién es, a dónde va; controla sus emociones,
conoce sus habilidades y sus talentos y se siente dueña de sí
misma.
¿Cuándo y cómo se crean estas drogas internas?. Se realizó
un análisis bioquímico a la sangre de la Madre Teresa y se halló
que era una persona altamente “dopamínica”, es decir, plena y
feliz.
¿Cómo se desarrolla esta condición? A través del servicio a
los demás.
Otros descubrimientos como éstos: Cuando una mujer va a
dar a luz, se vuelve altamente dopamínica; es decir, genera una
cantidad enorme de dopamina (la droga del amor y la ternura).
Cuando estamos enamorados, la dopamina aumenta 7000
veces su cantidad normal, acompañada de la oxitocina,
responsable de la pasión sexual, y de las fenilananinas,
responsables del entusiasmo, bloqueando el aspecto de la lógica y
la razón.
En los recién casados, se produce gran cantidad de
oxitocina, que es responsable del amor pasional. Por eso ellos
irradian felicidad, se sienten plenos, alegres y motivados.
Como vemos, la felicidad no es algo vago e impreciso, ni
una sensación nebulosa: es el efecto de un flujo correcto de
sustancias químicas que proporcionan al ser humano su equilibrio
físico y psíquico. Pero no nos engañemos: todo ello se origina
más arriba, en el cuerpo de deseos. Y las hormonas endógenas
sólo son el vehículo o instrumento que el espíritu utiliza para
manejar el cuerpo físico, del modo deseado, a través del cerebro.
Las drogas de la felicidad, pues, no se consiguen en el
exterior, sino que son creadas mediante una vida llena de amor,
entrega, optimismo, ejercicio, satisfacción personal ante el logro
de metas, vocación y devoción por lo que se hace. Y, claro está, el
perdón que es uno de los mejores medios.
Todos podemos y debemos, pues, volvernos adictos a estas
drogas de “fabricación casera.”
Recordemos aún a las ostras y sus perlas. Las perlas son
preciosas. Sí. Son joyas. Son lo más valioso de las madreperlas.
Pero las perlas sólo nacen cuando la madreperla es herida, cuando
un grano de arena penetra en sus tejidos y los lastima. Entonces,
aquélla segrega el nácar, una sustancia irisada y preciosa, y, con
ella, cubre y abraza repetidamente, en varias capas, al grano de
arena, hasta hacer desaparecer la irritación y creando una joya
donde antes había una agresión.
¿Os parece la perla una buena imagen de los efectos del
perdón y del consiguiente amor? Pues no la olvidéis y… llenad
vuestro corazón de perlas.
Francisco Manuel Nácher
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